Archivar paraFebrero 25, 2008

Tabubué

Ocurrió que Satné, hijo de Kemvesé, buscando el libro encadenado de Thot, vio en el templo a Tabubué, sacerdotisa de Bastet, y quedó tan impresionado que mandó a su servidor a ofrecerle diez deben de oro para que pasase una hora divirtiéndose con él. Pero ella le respondió: “Soy una sacerdotisa y no una mujer despreciable. Si tu dueño quiere lo que le dices, que acuda a mi casa, donde nadie nos verá, de manera que no tendré que conducirme como una hija de la calle.”

Satné quedó encantado y fue en el acto a casa de Tabubué, donde ésta le dió la bienvenida y le ofreció vino. Después de haber alegrado su corazón quiso realizar lo que lo había llevado a ella, pero ella le dijo: “No olvides que soy una sacerdotisa y no una mujer despreciable. Si verdaderamente deseas hallar tu placer en mí, debes darme tus bienes y tu fortuna, tu casa y tus campos y cuanto posees.”

Portada

Satné la miró y mandó buscar a un escriba para que redactase un acta por la cual le cedía todo cuanto poseía. Entonces ella se levantó, se vistió de lino real transparente, a través del cual se veían sus miembros como los de las diosas y se embelleció. Pero cuando él quiso pasar a lo que había venido, ella lo rechazó diciendo: “No olvides que soy una sacerdotisa y no una mujer despreciable. Por esto debes repudiar a tu esposa a fin de que no tenga que temer que tu corazón se vuelva hacia ella.”

Él la miró y envió a sus servidores a que arrojasen a su mujer de la cama. Entonces ella le dijo: “Entra en la habitación y échate sobre la cama; recibirás tu recompensa.” Él se tendió sobre su cama, pero entonces entro un esclavo que le dijo: “Tus hijos están aquí y reclaman a su madre llorando.” Pero él se hizo el sordo y quiso pasar a lo que había venido. Entonces Tabubué dijo: “Soy una sacerdotisa y no una mujer despreciable. Por esto te digo que tus hijos podrían buscar querella a los míos por tu herencia. Esto no debe ser y tienes que permitirme que mate a tus hijos.”

Satné le dio permiso para matar a sus hijos en su presencia y arrojar los cuerpos por la ventana a los perros y a los gatos. Bebiendo vino con ella oyó los perros disputarse los cuerpos de sus hijos.

Sinuhé, el egipcio – Mika Waltari

“Sinuhé, el egipcio” es el libro que estoy leyendo en estos momentos. Es una novela historica sobre egipto que me recomendo Torky en un cafe mañanero cualquiera, y que encontre en una libreria de oferta asi que me lo compre.

He elegido este extracto del mismo en el que Nefernefernefer le cuenta la leyenda de Tabubué a Sinuhé para advertirle de lo que le espera, porque realmente esconde mucha sabiduria en sus lineas. Para apreciarla en su total es mejor leer completa la historia de la relacion entre Sinuhé y Nefernefernefer, pero he decidido publicarlo por ilustrar una de las cosas que hacen algunas mujeres y ultimamente, con la liberacion de los roles, tambien algunos hombres.

Un bar en una noche cualquiera, una mirada traviesa se pierde en tus ojos, una sonrisa fugaz y desaparece por el resquicio de una puerta entreabierta. El fuego se inflama en tu pecho y buscas de nuevo esos ojos, pero sus ojos ahora estan frios. No lo puedes entender porque ya no arde nada detras, ¿de donde salian esas llamas?

Es un juego, dan y quitan para mantenerse permanentemente en tu mente, obsesionarte y controlarte.

Si alguno teneis un gato podeis probar esto, coged un jugete y acercarselo, ponerlo a su alcance. El gato curioso, se acercara e intentara coger el juguete, si lo alejas y lo acercas, lo dejas siempre un poco fuera de su alcance el gato se volvera loco, solo pensara en el juguete y no parara hasta que lo tenga. Pero cuidado, si le das el juguete lo tocara un rato y lo abandonara, y si lo pones demasiado lejos tambien perdera el interes.

Es una estrategia despiadada, yo no la he usado nunca ni la usare. Yo siempre dejo claras mis intenciones en una relacion desde el primer momento, aunque me haya costado caro mas de una vez porque como bien dice el refran, el hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, y a veces las palabras son las cadenas mas pesadas y dificiles de romper.