A veces las cosas mas inocentes y triviales pueden cambiarte la vida radicalmente. Otras veces pueden arrebatártela.
Si ese primero de Diciembre, Raul y Fernando no hubieran entrado en Les Ecureuilles, o quizás si hubieran entrado mas tarde o mas pronto… pero la vida esta llena de casualidades y lamentablemente no todas son agradables.
No se que pasaría por la cabeza de ninguno de ellos en esos momentos, pero puedo imaginar que pasaría por la mía.
En primer lugar, la sorpresa compartida. Esas caras que se fijan en tu retina y poco a poco tus sinapsis van dándoles nombres, y esos nombres llevan al miedo. Al miedo por lo que vas a tener que hacer, al miedo por lo que te puede pasar, al miedo por cargar con la muerte de otra persona durante el resto de tu vida.
¿Como llegara una persona a olvidar todo eso? ¿Que le lleva a alguien a decidir convertirse en un asesino? ¿Acaso no aman y sienten como el resto? ¿Tienen algún problema mental que les arrebata la conciencia?
Yo creo que no. Las mentiras contadas por padres y educadores, una personalidad violenta, alguna mala experiencia, en fin, casualidades. Casualidades que hicieron que nuestros abuelos estuvieran a un lado del Ebro o al otro, casualidades que ahora hacen que yo haya estudiado en un colegio Zaragozano, y otros en una Ikastola. Decisiones equivocadas, responsabilidades merecidas.
Lamento profundamente las muertes de esos dos jóvenes, pero también lamento las vidas de los otros tres. Cuando pienso en ellos, el odio ocupa una pequeña esquina de mi conciencia completamente saturada por la pena.
¿Acaso un idioma o una bandera significa mas que una vida? Nadie llora cuando muere un idioma o se pierde una bandera.

